lunes, 23 de mayo de 2011

El pene de 40 centímetros o el pene más grande de la pampa húmedapor Santiago Beretta



Esta es la historia de un humilde adolescente de 13 años, cuyo pene medía alrededor de 40 centímetros y que fue por este motivo protagonista de increíbles sucesos, casi tan increíbles como el tamaño de su miembro. Un año después de ser descubierto su secreto, apareció muerto a un costado de la ruta. Nunca se supo quién fue el asesino, ni tampoco que fue de aquel despiadado pene, mutilado del cuerpo antes del asesinato.

En este mundo maldito
donde todo es desierto
brillará alguna vez
un poderoso animal.

Como un diamante feroz
adornado de promesas,
será demencia será traición,
será quimera y será dolor.

Es aquello que han ansiado
por siglos todos los seres.
Sus pasos resonarán
como campanas de lo inmortal.

Mas rápido perecerá
sepultado por la inclemencia
de todo cuanto existe.

Profecía; Diego Ibañez


Augusto tenía trece años. Vivía en las afueras de San..., un pueblo ubicado en el corazón de la pampa húmeda. Sus padres habían fallecido en un accidente de tránsito, siendo su hermana su única protección y compañía. María (así se llamaba ella) trabajada como empleada en el único supermercado del pueblo. Él había terminado séptimo grado, pero por alguna razón no cursaba el secundario. Era un muchacho solitario y de rostro grave, que pasaba la mayor parte del tiempo vagando por el campo o mirando fútbol por televisión.

El descubrimiento

Un atardecer, María llegó del trabajo con dos amigas, para compartir una cena que se extendió en conversación hasta la medianoche. Cuando las mujeres estaban por partir, comenzó a caer una fuerte lluvia que las obligó a permanecer allí por un rato más.

Agotada por el trabajo y sabiendo que al día siguiente debía levantarse temprano, María decidió irse a dormir, pidiéndole a su hermano que se encargue de cerrar las casa cuando sus amigas se vayan.

Una vez finalizado el diluvio, una de las chicas se dirigió al cuarto de Augusto para avisarle de su partida, y en ese momento comienza la nueva vida del joven (si en vez de entrar directamente a la habitación, hubiera golpeado la puerta como los buenos modales lo indican, el asombroso descubrimiento no se hubiera producido, o mejor dicho, hubiera demorado un tiempo más, pues semejante maravilla no puede permanecer oculta por mucho tiempo).

El joven estaba masturbándose, pero el pene que agitaba entre sus manos no era el de un hombre común. Era enorme, faraónico, medía alrededor de 40 centímetros. La mujer, en un principio estupefacta, se topó con el rostro avergonzado del joven, y,  conciente de su intromisión, se retiró del cuarto.

Pero los pocos minutos regresa allí con su amiga, quién con cara absorta observa al jovencito.
Augusto estaba vestido, pero no hablaba ni se movía. Lo habían descubierto. Habían revelado Su Secreto.

Luego de algunos titubeos se acercaron hacia él, entre piadosas y fascinadas. Ante su total quietud, bajaron su pantalón y su ropa interior, para contemplar entonces cómo ese enorme pene, como una boa dormida al sol, se erectaba monumentalmente.

Entre las dos comenzaron a recorrerlo con sus manos y sus lenguas, como poseídas por una fuerza mayor que las domina. Una de ellas subió hasta su boca para besarlo apasionadamente, y en ese momento Augusto eyacula abaundantemente...

La nueva vida

Augusto comenzó a recibir casi todos los días las visitas de estas jóvenes que locamente se abalanzan sobre su pene, que a decir verdad, ya dejaba de pertenecerle (más bien, Augusto pertenecía a él...).
A veces venían por separado, otras veces juntas, pero siempre en horarios en que María se ausentaba del hogar.

La promesa de guardar silencio no tardó mucho en ser traicionada, y otras jóvenes del pueblo comenzaron a concurrir a la humilde morada de Augusto en busca de aquel milagro. Se cuenta que una tarde llegó a haber 6 mujeres en la casa, y que el joven a todas las penetró sin flaquear siquiera un momento. Era tal la fascinación que las inundaba, que muchas veces no bastaba más de treinta segundos de penetración para que explotaran en brutales orgasmos. Muchas de ellas sentían que por dentro el cuerpo les vibraba intensamente aún media hora después de terminada la relación, tanto que no eran capaces ni de fumar el legendario cigarrillo que siempre se enciende cuando se termina de coger.

Otra veces, cuando Augusto se sentía agotado física y psíquicamente, las mujeres igualmente besaban y acariciaban con lujuria su miembro viril.

Augusto no sólo se había convertido en un campeón del sexo, sino que además recibía constantes regalos e invitaciones por parte de sus princesas. Para cubrir sus aventuras sexuales en casa ajenas (a las que sutilmente comenzó a concurrir) decidió disfrazarse de jardinero.
Con la excusa de ayudar al humilde y solitario muchacho, muchas mujeres contrataban sus servicios.

Una devota clienta era la mujer del intendente, que al parecer nunca había permitido que su marido la penetrara por atrás, pero que disfrutaba locamente el dolor anal que aquel despiadado miembro le causaba.

Otra que contaba con  continua era una amargada mujer que vivía con su padre, al que odiaba crudamente. Lo que deseaba de Augusto no era satisfacción sexual (siempre se dijo que esta mujer era fervorosamente lesbiana) sino sus abundantes eyaculaciones. Retenía un par de horas al muchacho manteniendo relaciones con una prostituta, para guardar luego el esperma en un vaso que nunca lavaba. Obligaba al anciano padre (quién estaba postrado en silla de ruedas) a contemplar el espectáculo, y luego le ordenaba tragarse el contenido del inmundo vaso mediante durísimas amenazas.

En algunos hogares, era a veces llamado por la señora de la casa, pero otras veces por sus hijas. Cuando las dos partes se cruzaban con el joven, la mentira se hacía tan evidente que simplemente se obviaba, a pesar de la vergüenza que se evidenciaba en los rostros de las mujeres.

De este modo, Augusto comprendió lo que era la realidad: una alfombra que no existe, pero que todos se empeñan en mostrala limpia; debajo de ella, se oculta todo lo que realmente está sucediendo.

El rey de los hombres

La fama de aquella pija de 40 centímetros no solo repercutió entre los mujeres, sino también entre los hombres. Algunos de ellos homosexuales, otros fetichistas o perversos, que mediante jugosas sumas de dinero convencieron a Augusto de ser la estrella principal de las fiestas que organizaban.

En escondidas reuniones tenían lugar inverosímiles espectáculos, a los cuales sólo concurrían esos personajes que pisan fuertes y que no dejan verse mucho. En una fiesta que contaba entre sus invitados a un prestigioso político conservador, Augusto penetró a una oveja bebe hasta matarla. Se cuenta también que en otra ocasión, en la que le habrían inyectado un poderoso estimulante sexual, eyaculó alrededor de 20 veces en un recipiente. Luego, dos hermosas prostitutas de su misma edad bebieron el espeso líquido, para luego beberse el del resto de los presentes.

Este tipo de espectáculos deterioraron la salud del muchacho y atormentaron su corazón. Luego de estar dos semanas escondido en Buenos Aires, regreso a su pueblo y le contó de sus andanzas a su hermana, quién prometió ayudarlo en lo que fuera necesario.

La amenaza

Si en un primer momento Augusto concurrió gustoso a cumplir el rol de fenómeno sexual que le habían asignado, comenzó a comprender luego como venía en verdad la mano. Se sintió profundamente humillado, traicionado, y lo hizo notar rabiosamente por medio de extorsiones y favores cada vez más exigentes.

De modo que se volvió peligroso, amenazante. Antes, verlo pasar despertaba en los pueblerinos la incomodidad de lo que se esconde. Luego, un terror descomunal. Muchos se habían involucrado con su pija de forma desmesurada, con una fascinación tal que les impedía medir las consecuencias de sus actos.

Probablemente, un cuarto de San... había mantenido relaciones con el joven, o por lo menos presenciado alguno de los tantos espectáculos sexuales que a los que fue sometido. El terror empezó a estremecer a gran parte del pueblo, que como un fantasma de la pampa húmeda comenzaba a gritar silenciosamente su desesperación maldita.

Una especie de acuerdo nunca acordado se estableció tácitamente. Augusto debía desaparecer. Cuanto antes. Simplemente, alguien se encargaría del asunto.

El cuerpo

Sus restos fueron encontrados a dos meses de su desaparición, enterrados en una estancia abandonada que está sobre la ruta... Fue su hermana, quién a pesar de las anónimas amenazas y la indiferencia policial, logró dar con el cadáver.

Lo pasmoso del asunto es que al cuerpo lo habían mutilado. Le habían cercenado el miembro viril y los genitales. Tenía en sus tobillos y en sus muñecas marcas de sogas, lo que indica que al joven debieron sujetarlo para llevar adelante la amputación. Se concluye que murió desangrado, pues en su cuerpo no había rastros de balas ni de cortes.

Nunca se supo exactamente qué fue de aquél maravilloso pene de 40 centímetros que tantas pasiones despertó entre los habitantes de San..., pero son tres las versiones que existen respecto al mismo.

Una de ellas afirma que fue embalsamado por un poderoso estanciero de la zona (un hombre que ocupa un lugar importante en la Sociedad Rural Argentina), quien lo guarda celosamente como una de sus mayores reliquias, entre otras piezas de extraña rareza.

Otra versión indica que fue el comisario el encargado de asesinar al joven, y que, en el plato de puchero que convidó una fría noche a Rafael, el mendigo del pueblo, no había carne de vaca.

La última de las versiones, tan increíble como las dos primeras, cuentan que una señora ya mayor, conocida en el pueblo por sus creencias místicas, es responsable del asesinato de Augusto y de la desaparición de su pene. Convencida de que en él residía Satán, lo desintegró en una fogata luego de una ceremonia que incluía diversos elementos siempre presentes en las prácticas mágicas. Según se cuenta, lo hizo acompañada de un hechicero muy prestigioso en el mundo del ocultismo.

Más allá de estas insólitass historias, lo cierto es que María, la hermana del desdichado muchacho, tuvo que trasladar en secreto los restos de Augusto en su auto, evitando ser descubierta por los habitantes de la zona.
Donde fue enterrado es algo que aun no se sabe; por ahora, tan solo me refirieron que fue en un lugar tranquilo, alejado de la maldad de los hombres.


El amigo (a modo de epílogo)

Cubriendo para un medio gráfico de la zona una aburrida muestra de máquinas rurales, conocí y trabé amistad con un extraño hombre de campo que participaba del evento.

En una feroz borrachera que compartimos en su pequeña chacra, me refirió la historia de Augusto, a quién ayudaba porque lo quería mucho. Sabiendo de mi oficio, se empeño en contar detalles, explicar sus conjeturas y mostrar sus dudas.

Me permitió contar la historia, pero me pidió que cambie los nombres de los protagonistas y que no devele la identidad del pueblo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada