"Es muy Importante perder el tiempo":Entrevista con Enrique Symns Parte II


Desde principios de Abril y hasta fines de agosto de 2010, el  periodista y escritor Enrique Symns estuvo viviendo en la ciudad. Vino a Rosario cansado de Buenos Aires, pero debió regresar rápidamente por cuestiones laborales. En aquellos meses mantuvimos con él largas conversaciones, la primera de ellas publicada en el primer número de esta revista.

Aquí, una entrevista cuyo eje, de mutuo acuerdo, fueron las palabras, el pensamiento y los laberintos existenciales, cuestiones que atravesaron tanto a su legendaria revista “Cerdos y Peces”,  como así también a sus libros y monólogos.


Por Santiago Beretta

¿Es posible que el lenguaje sea una aventura y no una cárcel?

No, es imposible. Pero hablo del lenguaje escrito, no del lenguaje hablado. El lenguaje hablado es maravilloso; hablan los monos, hablan las pulgas, hablamos nosotros. Y cada vez que se da se cambia a si mismo, nunca deja fijo un saber. El lenguaje escrito es un virus, crea los saberes, y si hay una enfermedad en el planeta es el saber; el saber de los psicólogos, el saber de los médicos... Todos los saberes dependen de la escritura.

La escritura lo que hace es generar una esquizofrenia, genera la parte de adentro de los seres humanos que no existe, genera una interioridad que habla, una depresión salvaje en el alma. Por eso las personas que no leen son mejores que nosotros.

Pero si vivís en un mundo donde hay televisión, es lo mismo que mires o no, porque ya vivís en ese mundo; y eso es lo que comprendió Mac Lugan. Aunque vos no leas ni mires televisión igual estás jodido, porque ese saber te persigue, te acosa, te rodea y rodea a los demás.

Por ejemplo al hijo de Vera Land (redactora de Cerdos y Peces) no lo dejamos ver televisión por un montón de tiempo, pero fue al colegio y los demás hablaban de cosas que él no sabía, entonces tuvimos que dejarlo mirar...

¿Pensás que en la vida del hombre hay algo más que palabras, o todo transcurre dentro de ellas?

Casi todas la experiencia transcurre en el término de las palabras. El hombre se deja conducir por las palabras, no vive dentro pero se deja conducir. Las palabreas le dicen que tiene que portarse bien y se porta bien, si le dicen que sea tímido es tímido... Sobre todo lo que hace el lenguaje es ordenar. Ordenar en el sentido de dar órdenes y ordenar en el sentido de tener un orden. Y en ese orden se pierde el éxtasis, se pierde la comunicación directa, se pierden momentos milagrosos.

Por ejemplo, ayer una chica me dice “vos te parecés a mi papá”, y yo me perdí ese momento porque estaba hablando de otra cosa. O estaba en la estación de retiro y a una señorita le pregunté de donde era y me dijo que de Venado Tuerto. Yo le dije: “irse es muy triste, pero volver es peor”. La chica se puso a llorar.

Lo que quiero decirte es que así como la enfermedad son las palabras, la cura también. ¿Pero que palabras? Y, aquellas que te sacan de vos. Como dijo William Burroghs, “el sentido de vivir es trabajar para los demás”. La única manera de sacarse el dolor de encima es vivir para el dolor de los demás.

En otra entrevista me decías que intentaste combatir a las palabras...

No es que intenté, traté de hablar con la gente y explicarle algunas cosas ... Yo por ejemplo se hacer un trabajo que no hago con nadie, pero soy un maestro Zen del tercer grado. Si me encuentro con un maestro Zen se hablarle sin decirle nada, sin querer decirle nada. Cuando logras no querer decir nada logras la dicha.

Pero la cuestión de la charla... Viene alguien y ya sabés que viene a algo, todos vienen con algo. Ese “algo” con el tiempo aprendí a verlo, y es un peso, no son libres las personas. Todos vienen con un problema, con un peso del pasado, con un peso del futuro. Y la única dicha que existe es en el aquí y ahora, en donde nadie vive.

A veces resulta cruel la forma en que nos relacionemos con el tiempo. Es difícil estar, como vos decís, en el aquí y ahora...

Porque para estar en el aquí y ahora tenés que escaparte de la manipulación sacerdotal del tiempo. Los que viven con reloj y con horarios están prisioneros. Vos no tenés que llegar a ninguna hora a ninguna parte. No tenés que tener ninguna cita. La esclavitud de hoy es peor que la esclavitud anterior, donde te esclavizaban con esposas, ahora te esclavizan con el reloj. Todos viven atrapados por las citas, y en las citas nunca hay pasión, solamente puede haber pasión en el encuentro casual.

Por eso vos decías que el milagro es estar extraviado...

Estar extraviado es un milagro. El hombre extraviado sabe más que los demás. Yo antes era un hombre extraviado, ahora soy un hombre equivocado... Y un hombre extraviado cada tanto lo ilumina la luz de la dicha, el resplandor de ser un hombre esencial. No sabés lo que te va a pasar dentro de un rato, no tenés la más puta idea. Estás en un bar a las 5 de la mañana, aparece un borracho y te vas con él. Después te cagan a trompadas, te coges a un tipo, al otro día lo llevás al parque Lezama y lo matás... Estar extraviado es conocer al amor de tu vida en un bar, no en la universidad, no tocando con tu banda.

Además, el hombre extraviado desconfía de todos los saberes. Como dijo Niezchte, “no hay saberes. El saber se constituye en un poder cuando lo cierran, en vez de dejarlo abierto”. Todos buscan cerrarlo en vez de dejarlo abierto.

¿Y me podés hablar de la locura?

Sí, porque la experimenté.  El delirio y la alucinación son las dos claves de la locura, y la locura es la clave de la humanidad, pero ¿qué hablar?; Hay que estar allí, si no es una anécdota.

Hay un asesino que le dicen “Vicky”, que entra a todas partes con el demonio. Está hablando con un abogado y empieza “para flaco, tranquilo, que estoy hablando yo con el señor... Si ya se que tengo que matar a Juan, pero espera un momento...”. Mató como a seis personas. Eso es un delirio, está hablando en serio con el tipo. Sabe, en algún lugar, que no es cierto, pero no lo puede evitar.

Pero estar extraviado, para que te des una idea, es depertarte y estar diez minutos sin saber donde estás.  Yo me levanto y digo: “Mamá...” pensando que tengo siete años, y tengo sesenta.  A veces he salido a la calle, por ejemplo en Buenos Aires, y le he dicho a un diarero: “Che, ¿cómo no tenés el diario de Rosario?”, pensando que estoy en Rosario. Cuando me doy cuenta donde estoy, es el momento más doloroso. Ahora ya no me pasa porque me internaron, y ahí aprendí algo muy importante. A diferencia de la cárcel, cuando estás internado, a un psicólogo no le decís más que sos un extraterrestre, le decís “ahora soy un pelotudo como usted”.

Me quedé pensado en lo que dijiste recién, ; “antes era un hombre extraviado, ahora soy un hombre equivocado”.

Me  equivoqué con la cocaína, me equivoqué en quedarme solo. Hubo un momento en que me perdí, y eso si es grave. Estás perdido en un laberinto, y lo que hace un hombre perdido es repetir, no logra escapar de una condena que él mismo se dio.

El psicoanálisis es una buena forma de romper el laberinto de voces ajenas en el que uno queda atrapado...

El primer descubrimiento que haces con el psicoanálisis es darte cuenta que vos no hablás, sino que sos hablado. Vos no pensás, sos pensado. Y eso te produce primero terror, después sorpresa, y al final te metés en la obsesión del abismo. Como dice Niezchte, “el abismo cuando lo miras te mira”, te enseña y te lleva al dolor. Pero ¿quién te habla? Te hablan las voces que hablaron adentro tuyo, las voces que hablaron delante de tus padres, las voces que hablaron en tus abuelos. Sos hablado por los fracasos y los miedos de los demás, entonces ese combate ya lo perdiste.

Todo mi hablar fue siempre sufrimiento, nunca fue alegría. Nunca recuerdo los buenos momentos. Viví momentos dichosos, pero recuerdo los finales que fueron dolorosos. Toda mi vida terminó en dolor, siempre fracasé. Nunca sentí algo que no sea dolor, o pena o tristeza.

Se que vos creés en el misterio. ¿Donde reside hoy el misterio en la vida cotidiana?

Yo no lo percibo hace mucho tiempo. Es misterioso que justo cuando me estaba por suicidar me encontré con Hector Fenoglio, que ahora me salvo la vida nuevamente. Eso es misterioso, porqué alguien vino a salvarme. Me de una ilusión.

Una vez dijiste “Siempre pensé que pensar era olvidar...”

Lo que siempre repito es lo que dijo Borges; “es imposible olvidar. Es posible solamente ser olvidado”. Y olvidar es extraordinario. La memoria es la mayor enfermedad de la mente.

Pero si, como dijiste recién, pensar es olvidar, porqué descubrís otra verdad, y podés olvidar la anterior. Y muy pocas veces se piensa. Siempre doy el ejemplo de recordar y acordar. Recordar es siempre repetir lo mismo, acordar es establecer un acuerdo con la memeoria, y ya no recordás igual. Yo ahora me cago de risa de la época que sufrí en la cárcel, porque establecí un acuerdo, ese pasado lo comprendí. Comprender te cambia la vida, es lo más difícil.

¿Y vos lograste comprender quién sos?

Yo no comprendo mi vida. No se quién fui ni lo voy a saber jamás. Solamente un buen psicoanalista te lleva ahí.

Otra frase tuya que me gusta mucho dice: “Recuerdo la tristeza del mono cuando comprendió que lo había atrapado el profesor del universo...”. Creo que esa idea abarca muchísimas cosas...

Ahí lo digo todo, es la muerte del pasado. Yo era un mono, ahora... Es tan hermoso ser un mono, ser un bruto. Por eso me gustaba España; jugaba a las cartas en los bares, perdíamos el tiempo en nada, sin preocuparnos. Todo el día borrachos, mirando culos... Si la vida para qué carajo es; ¿vos te pensáis que sirve para algo?. Es muy importante perder el tiempo...

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