Un tipo de la callepor Mauricio Gonzales

Alberto tiene 35 años y hace siete que vive en la calle, atravesando la existencia con lo puesto y sin ningún tipo de planes. A veces habla con suma lucidez y otras veces entenderlo se torna difícil. Pero escucharlo, aunque solo sea pedir un cigarrillo, resulta fascinante. Y su metro noventa vibra con cada una de sus palabras.

Por Mauricio Gongález

Estamos en la esquina de Alvear y Córdoba. Son las tres de la mañana de un viernes de primavera y sus palabras son pájaros heridos atravesando la noche. Alberto dice lo justo y luego vuelve a hundirse en sí mismo. Y ese rostro grave de hombre que piensa profundamente las cosas apenas se inmuta.

Su vida, según las pocas cosas que me relata, fue una rutina de compromisos prefabricados, una obligación de responder con sonrisas a los planes que los demás planearon sobre su vida, una novia maravillosa que finalmente no lo fue... Inevitablemente, llegó el día que no aguanto más. Dejó su casa, su bien remunerado trabajo en un estudio contable y se fue a vivir a la calle. Cuando prendo el grabador, me dice con tono de reproche: “no me vas a venir con cosas tipo <<¿qué se siente vivir en la calle?, ¿te sentís discriminado?>>... Soy una persona triste, quiero que hablemos de la vida, ¿sabés hablar de cosas raras?...”.

Este es, entonces, un resumen de la extraña conversación.

¿Cómo podrías definirme, desde un lugar que no sea tan obvio, lo que es la tristeza?

Desde el cuerpo. Es muy difícil explicarlo con palabras…

¿Cuál es el recuerdo que mas te duele?

Son muchísimos, sería difícil elegir uno… Ser una persona desagradable con parientes cercanos, ese es un defecto muy grande. No soy así con alguien que conozco en la calle, pero si con los parientes cercanos.

¿Cuándo fuiste un tipo maravilloso, en que situación?

Alguna vez que besé una mujer, seguro. Hoy hablaba con Enrique, el linyera que vive en la escalera de la Sala Lavarden, sobre eso, sobre el impulso… El está muy triste, muy mal. Me preguntaba “¿vos también estás triste?”… Y yo le hablaba del impulso.

¿Qué es el impulso?

Es una fuerza automática que lo lleva a uno a un lugar a donde todavía no había llegado. A veces el impulso es muy débil, otras veces es mayor…Es muy difícil buscarlo, llega o no llega, pero no se puede ir a buscarlo.

Hablame de lo más extraordinario que hayas visto en la ciudad.

Extraordinario puede ser cualquier gesto, algo mínimo, muy pequeño.
Pero deteniéndome en los gestos, eso sí es maravilloso. Lo que siempre te llama la atención de los gestos es que vos no sabés si son por un motivo o por otro. Un tipo pasa apurado y por ahí no tiene que ir a ningún lado.

¿Qué es lo más insoportable en la forma de vida que vos abandonaste?

El tiempo es insoportable. Cuando uno empieza a prestarle atención al tiempo empieza a descubrir lo que es no soportar algo. Hay que tener cierta conciencia pero…

Una canción dice: “si quieres embriagarte no mires tu reloj, vamos a beber tiempo…”.

A mi me gusta mucho una que dice “no vayas a tu casa, no vayas a la esquina, vamos a la vida nena…”.

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