Contra El Periodismo

Parafraseando a Bertolt Brech, podríamos decir que el periodismo no es un espejo de la realidad sino un martillo para darle forma. Cualquier construcción periodística no es mas que un recorte del hecho que se retrata, pero nunca el hecho en si mismo. El solo acto de nombrar de determinada manera una acción es posicionarse ante el mundo. Nadie es imparcial porque la imparcialidad ya es una forma de actuar de el.

El mundo, en verdad, no es mas que el discurso que el mundo crea para nombrarse a si mismo. Las constantes sobredosis de información a las que  estamos sometidos nos obligan a vivir en un mundo que siempre nos sitúa a su margen. Podemos acercarnos tan solo a través de imágenes y relatos cuidadosamente construidos por el discurso dominante. Pero accedemos solo como espectadores, nunca como participes y mucho menos como protagonistas.

Nuestras experiencias, nuestras inquietudes y nuestros anhelos apenas si son reflejados por los grandes medios. Si lo hacen , las refieren como extravagancias o rarezas -en el mejor de los casos- cuando no como perversiones. Pareciera lo que realmente nos sucede es solo un detalle curioso, una desviación de la normalidad (y ser normal solo significa seguir las normas).

Pero detrás de las paredes que las convenciones, la rutina, la alineación, la moral, el consumo y los medios han construido, ocurro lo que realmente nos ocurre. Que es mas importante que la rabia de los que se juntan en la esquina de tu casa para escupir el rostro de los días porque los días apestan; que es la vida sino el canto de tus sueños dinamitándose de dolor o persiguiéndose a si mismos en busca de lo maravilloso.

Cuando dejamos de pensarnos y permitimos ser pensados por lo demás, silenciamos las pasiones y las rebeldías del alma y nos limitamos a cumplir el guion cuyas palabras nos convierten en el cadáver de un pájaro que nunca levanto vuelo. El periodismo es una de esas voces que intenta definirnos para amputarnos de nosotros mismos y convertirnos en autómatas sin cerebro y sin corazón.

Por eso, estas palabras, esta revista, al igual que el llanto de lobo herido que por la noche escupen nuestros pasos de náufragos, al igual que la bronca profunda del pibe de la calle, al igual que el grito de diamante encendido que canta el loco en su celda, son un intento por recuperarnos y no dejarnos encarcelar por los miseros mercaderes que hoy dominan el mundo.


Editorial Apología 7. Junio 2013.

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