¿DE QUIÉN ES LA CIUDAD?

Días atrás nos enterábamos que la popular feria de la Plaza Pocho Leptratti, en barrio Ludueña, había sufrido un intento de desalojo por parte de la Municipalidad de Rosario. Allí, cientos de personas se encuentran para ganarse la moneda, para charlar, para tomar mate y pasar la tarde: es decir se encuentran para vivir.

Muchos de los feriantes obtienen allí un ingreso suplementario para bancar el hogar y otros su único ingreso. La feria es un núcleo de vitalidad popular en un territorio castigado por la policía y el narcotráfico y abandonado por las políticas municipales.

Si los quieren desalojar por no tener permiso para tal actividad: ¿Por qué no le dan el permiso y chau historia? Si los vecinos necesitan espacios verdes: ¿Por qué se decide el desalojo y no la creación o recuperación de otros espacios? ¿La solución a los problemas será siempre restar y nunca sumar?

El día a día de una feria horizontal, sin líderes ni patrones y sin ingerencia estatal, no entra en las lógicas de un gobierno que negocia con los privados y deja a los barrios abandonados. El día a día de un espacio público que fue recuperado del abandono y que es habitado colectivamente, sin necesidad de policías que garanticen la seguridad, no entra en la lógica de los grandes medios, siempre tan escandalizados por lo que llaman inseguridad. El día a día de una feria alegre y proletaria no entra en la lógica de muchos ciudadanos que, convencidos por la publicidad, prefieren una tarde en el shopping que un pedazo de cielo, un celular de diez lucas antes que salir a encontrarse con los demás.

La ciudad se nos viene encima y nos asfixia. Las crueldades de un sistema brutal nos estrellan contra estos días en los que, pareciera, poco podemos intervenir —sin embargo se resiste, se avanza y se vive. Esta feria es una de las muchas experiencias vitales que laten en la ciudad. Es pequeña pero importante; por lo que genera concretamente y por lo que permite pensar y aventurar. La posibilidad del desalojo es la evidencia de un profundo desarraigo de la comunidad con respecto a si misma. La posibilidad de resistir, por su parte, es el inicio de un camino cuya meta hoy parece lejana: vivir como nuestra la ciudad.

Nota de los editores: la plaza se encuentra en Velez Sarfield y Liniers. En el número anterior de Apología (Nº 12; Mayo de 2015), se publicó una crónica sobre la feria en cuestión, donde todo lo dicho en esta nota es narrado y desarrollado en varias páginas. Puede leerse en 


http://apologiarevista.blogspot.com.ar/2015/07/la-plaza-de-los-encuentros-y-los.html


Editorial Apología 13. Agosto de 2015.
Fotografía por Delfina Freggiaro.

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