Perderse para siempre




La aventura siempre fue la misma. Romper de un piedrazo los ventanales de la noche, sentir el viento fresco sobre nuestros rostros de niños. Deslizarse sobre el humo como pájaros, allí donde los dementes del mundo se dan la mano y un escalofrío de identificación los envuelve.

Qué era el milagro sino saberse perdidos. Como el que siempre está cayendo golpeándote la puerta como un espejo de tu extravío; como los amantes de la noche atravesando la noche con los ojos cerrados...    

Ojalá me encuentres cuando nada pueda decirte. El silencio de aquello que desaparece nos recordará que al fin nada es cierto, mientras tanto yo intentaré besarte. Serán mis ojos un pedazo de cielo y una inmensa luna brillará en mi corazón...

La aventura siempre fue la misma y fue siempre el mismo dolor; la sospecha de que solo nos queda aquello que perdimos. Será hermoso perderse para siempre. Contemplar como al cadáver de las palabras que me asesinan se lo llevan los gusanos, bocado a bocado rumbo a la  nada. Ver mi amor reflejarse eternamente sobre tu cuerpo durante un par de noches, para luego alejarse como un gato sobre la cornisa de la existencia.

Editorial Apología 4. Diciembre 2011.


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