“Habría que luchar por el derecho a la desinformación”. Entrevista Con López Navarro.


Nació en Posadas, en una familia de clase media que a mitades de los noventa entró en total decadencia. Deambuló por Latinoamérica  durante varios años, sin saber que hacer y con ganas de matarse. Pero la facilidad para la escritura y su especial sensibilidad - que lo transformó en un receptor profundo de las historias y pasiones de los personajes que lo rodeaban- lo convirtieron finalmente en un particular periodista.

Trabajó en pequeños diarios locales, generalmente como periodista de policiales. Escribió increíbles crónicas, editadas en distintas publicaciones alternativas y que prontamente serán relanzadas por Editorial Sudamericana.
Hoy trabaja como colaborador  freelance  de cualquier medio que lo invite, y dicta talleres de crónica narrativa en Lima, Perú, donde vive desde el 2007.

Dice que lo mantienen vivo la escritura  y su militancia “inorgánica” anti-periodismo, al que considera uno de los peores males de esta época del mundo.



“¿Donde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en información?”

T.S. Eliot

Entrevista por Santiago Beretta

(La foto del entrevistado fue sacada de la web por expreso pedido suyo.)

Sos uno de los pocos periodistas que no soporta leer los diarios. No te oponés a tal o cual diario, más bien al discurso informativo…

El discurso informativo se muestra a si mismo no sólo como algo importante, lo peor es que se muestra como necesario. Existe una superstición, que es la de creer que es necesario saber que ayer en  la ciudad hubo seis choques, que Paraguay bajo el cultivo de Cannabis; …Prefiero perderme en otras cosas. Tratar de acariciar el misterio de aquellos cuentos que hoy poca gente cuenta. No quiero discursos que sean fotocopias de los hechos, quiero discursos que sean hechos en sí, que me conmuevan. Palabras que le recuerden a mi dolor su obligación de dolerme, a mi risa la magia de inundarme…

Entrevisté hace poco a un pensador, que me decía algo parecido respecto al discurso: están los discursos que son hechos en si, que él le llamaba palabra acto, que son una experiencia por si misma,  y están los discursos que se pretenden descripción objetiva de la realidad…

Claro. Los profesionales de los medios, si bien nunca se nombraron como científicos, siempre se nombraron como objetivos. Es decir, al relatar un hecho, dejan de lado la metáfora, la pregunta, la aventura que podés lograr por medio de las palabras. ¿Cuál es el resultado final? Un relato que no es más que el cadáver del acontecimiento que supuestamente describís con fidelidad. A un hecho cualquiera de los que suceden en la calle, se lo cuenta por medio de la descripción más pobre que puede haber. Dejás de lado maravillosas herramientas del lenguaje y reprimís tus particularidades narrativas y perceptuales, que combinadas serían belleza pura.

El problema es que el periodismo ocupa cada vez mas espacio en nuestras vidas. Es el relato hegemónico que la sociedad tiene de si misma. Pero es un relato asesino, porque asesina la magia del acontecimiento. El imaginario colectivo se empobrece, se empobrecen nuestras formas de hablar, de percibir, de pensar, por lo tanto de experimentar y actuar, y esto es terrible.


¿Cómo ves que se manifiesta este empobrecimiento?

Cada vez se imagina menos, por ejemplo. Hay una frase que dice: “Ya no somos libres. Y prueba de esto es que no tenemos tiempo para soñar”. Esta frase describe mucho lo que es esta época, donde la imaginación y la fantasía están casi ausentes.

Si vivimos en un mundo que nos obliga a trabajar, a ser “responsables”, a “informarnos”,  bueno, tratemos de que eso nos ocupe el menor tiempo posible. Que lo demás sea locura, imaginación, delirio, creación. Por eso hay que escaparse del discurso informativo, que es totalmente nocivo para el alma.

Karl Kraus decía que así como el periodismo nos fue quitando nuestras fantasías con sus verdades, nos devuelve luego a la vida con sus mentiras… Es patético ver como una sociedad que podría jugar con muchas de sus posibilidades internas, prefiere sorprenderse a lo grande ante un hecho boludo, que encuentra su máxima expresión en la frase hecha, que es el lenguaje del periodismo.

Me interesa que nombres a Karl Kraus. A principios del siglo pasado el advirtió de que venía toda esta cuestión de la prensa. El sostenía que el periódico no era un índice de contenidos, sino que era el contenido; y más que el contenido un estimulante.

Eso es evidente. En esta época queda muy claro. Burroughs, por ejemplo, decía más o menos esto: “Los periodistas son sacerdotes modernos que componen un calendario ceremonial al que someten a toda la población. Actúan ocultos, tras la montaña de datos que siempre manipulan. Todas las noticias son mandatos de comportamiento”.

Esto se ve claramente en la cuestión de la inseguridad. Argentina es el país de Latinoamérica con menor índice de inseguridad, pero tiene el mayor índice de percepción de la inseguridad. La inseguridad es una propuesta política. Es una orden de comportamiento que fue asimilada por gran parte de la población.

¿Me podés ampliar un poco esto que vos llamás “el derecho a la desinformación”?

Creo que habría que pelar por el derecho a la desinformación. Te levantás, y en vez de dedicarle tiempo a escuchar las noticias, te lees un poema, te ponés a pensar, a fantasear, o salís a la calle a hablar con alguien… Imaginate si además, te encontrás con gente que tampoco lee los diarios, lo que serían las conversaciones. Cuanta más gente esté a salvo de las noticias, más locas serían las conversaciones. Tendríamos que inventarlas, porque no habría un tema instalado, y ahí surgirían otras cosas, cosas demenciales, hermosas.

Hoy en día creo que existe un mandato cultural muy poderoso, que se explicita implícitamente cada vez más, y es: está prohibido perderse. Y en esto los medios juegan un papel importantísimo. Nos someten a grandes cantidades de informaciones respecto a muy variados temas, en cualquier horario del día.

Los medios de comunicación son un mecanismo regulador de los acontecimientos cotidianos. Tenés una noche “libre”, te dan ganas de ver un espectáculo y mirás el diario para ver donde vas a ir. O para saber  “que cosas importantes” sucedieron en el día mirás la televisión… Creo que es necesario perderse. Y lo digo casi literalmente al perderse. Recuperar la instancia de la aventura, que significa involucrarse en algo que al salir, obligadamente se sale distinto. La aventura es algo que te transforma, es magia. No digo que sea bonita, agradable, porque la magia en general es miedo. Pero es una instancia necesaria para realmente vivir. Como decía Nietzsche, “para encontrarse primero hay que perderse”. HÖlderlin, que es un genio, decía algo parecido, “allí donde está el peligro crece también lo que nos salva


La televisión, por ejemplo, es el ojo de la normalidad vigilándote. Vos no lo mirás a él sino que él te mira a vos…Lo último de la tecnología informativa a que tenemos acceso es el celular con Internet, los Blackberry. Y Blackberry significa fresa negra, pero dicho nombre se refiere a otra cosa. Lo llamaron así porque en Estados Unidos, en los campos de algodón, a los esclavos se los encadenaba a una bola negra irregular de hierro, con una cadena y un grillete, para que no escaparan corriendo. Los amos, para usar un eufemismo la llamaban “Blacberry”…

Vos el celular lo llevás a todas partes. Estás amarrado porque siempre te interceptan, negándote la posibilidad de que estés plenamente en un lugar. Y sobre todo de que te pierdas. Como te vas a perder, si siempre te ubican con eso, tiene un chip que da la ubicación casi exacta de donde estás. Y si tirás el celular a la mierda, te volvés loco y decidís abandonar el mundo… Bueno, vas a tener a todos los canales de televisión buscándote…

¿Tu discurso no le otorga demasiada importancia a los medios?

Es que los medios masivos de comunicación son instituciones sociales. Luego de la Revolución industrial, comienzan a cumplir funciones que antes tenían asignado las instituciones tradicionales como la familia, la escuela o la iglesia.
Orientar a las personasen su andar por el mundo (dar órdenes-transmitir ideología-“explicar” la situación que rodea al individuo) es su función esencial.
Yo no digo que sean omnipresentes ni omnipotentes. Dios lo era, por ejemplo, y hoy está muerto. Lo que creo es que son de vital importancia para el funcionamiento del capital, y que ocupan, lamentablemente, un lugar muy importante en el imaginario de las personas.

¿No has sentido contradicciones entre lo que pensás y a veces te toca hacer?

Por supuesto que he sentido y siento contradicciones a la hora de trabajar. He llegado a pensar incluso que la única forma de no traicionarme es abandonar mi trabajo. Por ejemplo: he hecho una nota muy intensa sobre un brujo que curaba gente en un edificio abandonado en Perú, un edificio que tiempo atrás era del estado y que hoy se lo comen las ratas. ¿Quién soy yo para meterme ahí, a robar los misterios maravillosos que habitan ese lugar? Es algo casi pornográfico, obsceno. Porque lo que hace un periodista es desnudar, exponer, plastificar… Sobre todo lo que hacen la fotografía y la filmadora, que son verdaderamente violaciones. Estoy convencido de que las fotografías y las filmaciones nos roban el alma, tal como lo afirmaban algunas tribus.
Me gusta en cambio el lenguaje oral, que cada vez que se da se reinventa, está obligado a no dejar nada fijo. Y eso lo convierte en algo lleno de vida, y hace vivir a quién lo practica. Justamente, es lo que hoy nos falta. Somos fantasmas…

¿Por qué decís que las cámaras nos roban el alma?

Siempre que alguien se sabe mirado por una cámara, comienza actuar de otra forma. Y siempre con menor grado de libertad. No te dejás fluir en busca de lo nuevo, de lo que simplemente tiene que suceder, más bien querés ser o mostrar “algo”, estás más atado, el ojo de la cámara siempre gana. ¿Cuál era el problema de Dios? No que exista, si no que está siempre en todas partes, mirándote, presente en cada uno de tus actos. Cada vez más, nuestro andar cotidiano por el mundo es interceptado por el ojo vigilante. Cámaras de seguridad, cámaras en celulares, cámaras de TV…

Cuando estuve en Punmamarca  hace unos meses, un viejo indígena me contaba como, desde que su pueblo empezó a vivir del turismo, ellos comenzaron a actuar para las cámaras cada vez más. Claro, había que vender todo el cuento. Pero llegó un momento en que las cámaras se apagaron y ellos actuaban igual. Habían caído en la trampa. Parecía todo un “Gran Hermano” gigante.

Lo mismo le sucedió a muchos artistas. La cámara de TV le ganó la batalla. Llegar (y con llegar me refiero a “establecerse”) es caer en la trampa. Por eso, como maravillosamente dijo Burroughs, hay que “dar un golpe, desaparecer, olvidar. Dar un golpe, desaparecer, olvidar…”.

Decís que contar es asesinar. Pero hay cosas que se ocultan, que se callan, hay intereses en juego en todo lo que ocurre. Intereses oscuros que hay que denunciar…

Hay que buscar nuevas formas de comunicación, formas que poco a poco vamos encontrando. Denunciar, divulgar, son cosas propias de la comunicación sincera.Ya lo dijo Gabriel Levinas, director de la revista “El Porteño: “La opción es inventar un mecanismo de comunicación diferente al periodismo, porque el periodismo es cosa de tarados”. El periodismo como forma de comunicación está siendo superado por formas nuevas. Cada vez más, aunque sea un proceso muy lento y por ahora silencioso, las personas se comunican mejor sin pasar por el filtro del periodismo.

A veces se piensa que la comunicación es sólo información, lo cual es un gran error…

La comunicación es un acto constituyente de toda sociedad. Entonces no la podés entender solo como el dar y recibir mensajes. Hay que escapar de la coerción tecnológica, de los mecanismos que implementó lo que se llama ingeniería de la transmisión, que pretende que cada uno de los hombres sea una terminal complementaria de otra terminal de computadora.

Esto que te digo lo planteó muy bien Schmucler, un cordobés que escribió sobre comunicación cosas muy lindas. Su propuesta era entonces la comunicación como un acto y no como mediación, como un recordar, por ejemplo, y no como un momento efímero que desaparece en busca de futuro.

Hace unos meses, recuerdo que hubo un motín en la cárcel. Todos lo canales de la tele estaban ahí, porque claro, era un hecho relevante, merecía ser noticia. Pero un rato después desaparece un niño en un pueblo, que luego encuentran muerto. Los medios en su totalidad abandonaron la cárcel, y se fueron hasta el pueblo a cubrir el caso. Del motín no se hablo más. ¿Entendés? Es complicada la lógica informativa. Hay que estar muy atentos. Se dejó de lado el pensar, la búsqueda de lo misterioso, a cambio del tenebroso show de la constante novedad.


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