Inaugurar la intensidad



Aún teniendo en cuenta los cambios ideológicos y estéticos a los que invita el paso del tiempo, el núcleo vital de la revista sigue siendo el mismo: inaugurar terrenos discursivos cuyas lecturas aventuren, propongan, interroguen y hasta reclamen nuevos espacios existenciales.
El recorrido por un barrio, la charla con dos chicos presos, el entusiasmo por un músico que vibra de misterios con su guitarra y hasta las charlas con algún intelectualón son posibilidades de agujerear la dura y fría pared de palabras que con se viste al mundo para hacerle olvidar su capacidad de conmoverse.

Si publicamos un ensayo, en el mejor de los casos, será para buscar nuevas preguntas tanto políticas como existenciales (sabemos la difusa frontera que existe entre ambas expresiones). Si hacemos una nota sobre los marginados que pasan sus días bajo un puente, trataremos de no hablar de ellos y, nunca jamás, por ellos. La búsqueda, la intensidad, es la posibilidad de un diálogo.
Si la problemática es la cárcel, podemos entrevistarnos con un juez, un sociólogo o un trabajador social – tal como ocurre en una de las notas de esta edición - pero vana será toda profundización teórica si no hablamos con los presos mismos.
En épocas de creciente institucionalización de los distintos ámbitos de la vida, quizás la potencia de estas páginas resida en la charla callejera, en el rumbo que se permite a sí mismo extraviarse y en la posibilidad de perder el tiempo. En días donde la palabra muchas veces solo tiene un valor informativo, la apuesta es entonces por inaugurar conversaciones que permitan encender las pasiones que nos habitan. En contextos donde el dinero y la propiedad se erigen como única posibilidad de futuro, la tentación es mostrar aquellas experiencias vitales que, aún en medio de un mundo segregado, crean mundos solidarios que proponen futuros diferentes pero también presentes diferentes.


Agilizar la crítica e inaugurar en intensidades el mundo en que vivimos. Esa es la acción – o debería serlo- de lo que en definitiva somos: un medio de comunicación.

Editorial Apología Nº10. Agosto 2014. Rosario.
Ilustra Matías Buscatus.

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