Otra vez LA PARED






“¿En que rumbo se ha perdido mi tacto?
¿Es acaso eterno este traje de fantasma?”
Boris Vian. “Hasta nunca”.


La indiferencia es una de las órdenes de conducta más siniestras que como sociedad nos encargamos de cumplir. Su aplicación, evidente y escandalosa en las matufias de los políticos y los empresarios, silenciosa y más “aceptable” en la puertas cerradas de los buenos vecinos, resulta indispensable para el mantenimiento de este fatal sistema espiritual llamado capitalismo. Excluimos los cantares marginales y nos dirigimos, con énfasis, al territorio de la privacidad.

La pregunta por el límite que separa al mundo de nuestro ‘yo más íntimo’ es hoy ninguneada por los discursos que diagraman el mapa afectivo y discursivo que habitamos. Protagonistas de espesas páginas negras nos sentimos en el momento en que, implacable en su ferocidad, la agresión al otro parece convertirse en la forma actual de las relaciones sociales.

¿Qué nos conmueve cuando, en los extravíos de las esquinas y conversaciones, nos encontramos frente el espejo de nuestro silencio? ¿Y responsabilidad de quién son aquellos cadáveres que cuelgan en los alambres de todas las fronteras que nos constituyen?

El mandato violento comienza en la indiferencia. Esto somos; carne de la carne de un mundo maldito. Así nos deslizamos, dispuestos a dar la espalda a quién nunca fue invitado bailar.

Editorial Revista Apología Nº 9. Mayo 2015.  
Foto por Salvador Márquez.




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